CRÓNICA DE UN FIN DE SEMANA MUY, PERO QUE MUY INTENSO

CRÓNICA DE UN FIN DE SEMANA MUY, PERO QUE MUY INTENSO

Pues eso; segundo fin de semana de mayo. La agenda de los deportistas de nuestro club venía repleta. Muchos meses previos de carreras y de marchas, incontables caminos y senderos, innumerables veredas, pedregales, charcos y caíllos en los calcetines; demasiadas suelas de zapatillas gastadas; y excesivas visitas a podólogos y fisios.

 

Hubo quienes lo vivieron, sufrieron y disfrutaron en primera persona, y quienes lo padecieron detrás de una pantalla o esperando una llamada. Aquí va un pequeño esbozo de lo escuchado y de lo vivido esas horas tan intensas.

 

Sábado 13 de mayo.

 

Por orden de salida:

 

  • Décima edición de la TRANSVULCANIA, la CARRERA DE TRAIL (con mayúsculas). Isla de la Palma, la Isla Bonita. Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Seis de la mañana, las siete en Cabra. Ramón y Paco toman la salida a nivel del mar (textualmente), en el Faro de Fuencaliente. Fiesta en la calle, el público se convierte en tu familia durante todo el recorrido. Ascensión sin pausa y sin tregua. Kilométrica serpiente de luz que dibujan los frontales de los corredores en fila india que se ha  convertido en la icónica imagen de la prueba. Los Canarios, las Deseadas, el Pilar, el Reventón, Pico de la Nieve…infinita la subida hasta el Roque de los Muchachos, dos mil cuatrocientos veinte metros de altura, kilómetro casi cincuenta y dos de carrera, corriendo, a veces parece que levitando por encima de las nubes. Sin palabras. Incluso Ramón, por primera vez en su vida de corredor, levanta la vista para admirar el paisaje; y ahora vertiginosa y eterna bajada, con el resto de los sentidos que queda a estas alturas de la carrera puestos en cada paso. Después de veinte kilómetros de bajada hay que resetear al cuerpo para subir los últimos cinco kilómetros hasta la meta en los Llanos de Aridane…el cuerpo no lo entiende. Meta. Nueve mil cuatrocientos siete metros de desnivel acumulado en setenta y cuatro kilómetros de carrera. Trabajo concluido. Corredores de sesenta nacionalidades. El primero, un estadounidense en siete horas; el último un español en diecisiete. Los nuestros cumplieron con creces sus objetivos. Felicidades.

 

  • XX edición de los cientouno de Ronda, la CITA (también con mayúsculas). dos mil setecientos ciclistas. Cuatro mil quinientos corredores y/o marchadores/sufridores. Siete mil doscientas historias personales y motivaciones para afrontar primero la aventura/hazaña de encontrar un dorsal, luego el entrenamiento, y por último la carrera. Muchas ilusiones depositadas en esta carrera, donde lo épico se mezcla con lo marcial. Primero los ciclistas, luego los héroes/heroínas. Ronda, turismo a la carrera, calles engalanadas llenas de público entregado a la causa. Real Maestranza donde nació el toreo moderno. Alcalá del valle, donde subir la cuesta de salida del pueblo con cierta dignidad es ya una odisea en sí. Setenil de las Bodegas (como siempre emocionante y hermoso); Arriate con las sombras de la noche ya dándole otro sentido a los caminos. Parada en el cuartel para comer algo caliente y comprobar lo que queda de nosotros mismos. Queda un cuarto del recorrido, lo peor. La Ermita, Benaoján, de nuevo Montejaque y Ronda que se asoma orgullosa encima del Tajo. “Cuesta del Cachondeo” previa al Paseo de la Alameda, a la gloria, al fin de la tortura. Todos los nuestros en meta: Adolfo, Mamen, Pepe, Antonio, Jorge y Francisco. Parabienes para ellos.

 

  • Segunda prueba de la Liga Española de Ultrascore-Rogaine. Adamuz, noreste de Córdoba, ya que de puntos cardinales se trataba. Montes (des)Comunales. Sierra Morena en todo su esplendor, territorio de águilas y de ciervos (sí, Bambi se nos cruzó por el camino). Once de la mañana, salida en masa. Sesenta y cinco balizas que encontrar en tres o seis horas, misión (casi) imposible. Llovía. Otro impedimento sumado a las gafas ya necesarias para ver el mapa, la brújula, el rotulador y demás enseres del ajuar del orientador. Pensar, decidir, orientar. Con las piernas frescas el territorio más complicado, un sube y baja violento y continuo. Las categorías de tres horas debían estar en meta, a los demás nos quedaba la mitad. Terreno más “corrible” ya, aunque las piernas ya no estaban por la labor. Veintisiete kilómetros en total, dos mil setecientos metros de desnivel acumulado. Lidia, Inma, Antonio, Rafa y un servidor lo pasamos muy bien (además). Muchos puntos. Satisfacción. Los tres equipos del club conseguimos casi todos los modelos de medallas…plata, bronce y chocolate.

 

Misión cumplida. Cuerpos sometidos al límite. Pasó el ultrafindesemana…más rápido delo que pensábamos a priori. Ahora toca lamerse las heridas de guerra, frecuentar más las barras de los bares, recuperar los cuerpos y reorganizar las mentes, para que cuando proceda, imaginar y abordar otras batallas que nos ocupen.

 

 

                                                                                                                                  José Antonio Castro